Regrese a mi casa , una tarde de un caluroso día de verano, el 4 de Agosto de 1897, a la primera persona que le vi cara después de están enterrada durante un largo periodo de tiempo fue a un mozalbete, que a punto estuvo de darme un golpe con una azada y desfigurarme el rostro, pero no le guardo rencor gracias a él volví a estar de nuevo entre los míos, aquel mozalbete según supe más tarde, se llamaba Manuel Campello Esclapez, y es curioso ya no volví a verlo hasta pasado unos años.
En una especie de carro me llevaron a la casa de un señor al que todos hacían caso, la verdad es que me gustaba mucho la alegría que les daba a todos al saber de mi regreso, no me esperaba una cosa así después de tanto tiempo.
Me encontraba muy alagada porque todo el pueblo quería verme, menudo trajín, no cogían en la casa, hasta que aquel señor que mandaba, dió la orden de sacarme a un balconcito para que todos, desde la calle, pudieran darme la bienvenida.
Aun recuerdo el revuelo que se formo en la calle y las caras de alegría, y de asombro de mis paisanos, me puse contenta de estar otra vez con ellos, para mí, me dije que ya no me ocultaría otra vez, y estaría con ellos para siempre.
Recuerdo que un día vino a verme un desconocido que parecía ser amigo del que mandaba, no entendía muy bien su habla, pero, por la forma de mirarme, leí en su mirada que sus intenciones no eran del todo claras.
Al poco tiempo de nuevo la oscuridad, note como si me desplazaran, el viaje se me hizo eterno, parecía que nunca llegara cuando por fin volví a ver la luz estaba rodeada de gente desconocida, no entendía lo que decían, pero si veía en sus caras, los gesto de satisfacción, y como si el haberme conseguido de un engaño se tratara.
Allí estuve expuesta en una vitrina cerca de una ventana, rodeada de otras piezas que no tenían nada que ver conmigo, durante 40 años, siendo visitada todo el tiempo por gente que no era la mía, que venían a visitarme de una manera indiferente, sin mostrar el menor aprecio. Que lejos quedaba el encuentro con los míos, el júbilo, la alegría de sus caras. Y allí pasaba el tiempo en una sala fría, lejos de los míos, lejos de mi casa.
Museo del Louvre,destino de La Dama de Elche,una vez sacada de nuestra ciudad
Después de unos cortos desplazamientos, y una breve estancia en un castillo, algo debió de suceder, porque de nuevo me metieron en una caja, eso sí con mucho cuidado y muy bien embalada, otra vez otro viaje, este fue un poco más corto al final del cual quede de nuevo hospedada en un nuevo aposento donde la única diferencia si cabe de donde estaba antes era que el lenguaje de los que venían a visitarme eras más legible que donde estaba con anterioridad, pero la misma apatía e indiferencia.
Castillo de Montauban,dode llevaron a nuestra Dama por precaución durante la II Guerra Mundial
Tengo que hacer una salvedad, ahora de vez en cuando recibía, visitantes que por su forma de mirarme, con los ojos casi con lágrimas, delataban que eran gente de mi tierra,¡ qué alegría, ¿habéis venido para llevarme de vuelta?
Museo del Prado, primer destino de nuestra Dama una vez regresada a España.
Un día recibí una visita, que me lleno de alegría, era la de aquel mozalbete, que un día el destino quiso que gracias a él volviera a ver la luz, allí estuvimos hablando, como si el tiempo no hubiera pasado, el me llamaba “Reina Mora”, me dijo que no estaba cambiada, solo que había perdido algo de color, os tengo que confesar que yo a él sí que lo encontré un poquito más viejo.
De una inmersa alegría se puede describir lo que os voy a relatar a continuación.
Habían pasado pocos años desde que Manuel vino a visitarme, cuando de nuevo me introdujeron en un nuevo embalaje, un nuevo viaje y la sorpresa al final del mismo, no me lo podía creer me habían traído de vuelta, estaba de nuevo en mi casa, mi gente, los míos, que alegría, hay que ver que recibimiento, con que caras de alegría mis paisanos venían a verme.
Pero la alegría poco nos duro al cabo de unos días de nuevo la oscuridad, un viaje y otra vez lejos de los míos
Museo del Parque Municipal, donde estuvo alojada nuestra Dama cuando no la devolvieron la primera vez
Me han trasladado a otra casa, fría, sin alegría, otra vez la misma rutina, viene a verme de vez en cuando gente indiferente, con apatía. Yo solo quiero estar con los míos llevarme de nuevo a mi tierra.
Museo Arqueológico Nacional, lugar donde tienen secuestrada a nuestra Dama.
Han pasado más de cien años desde que vi la luz de nuevo, se los esfuerzo de mis paisanos por volver otra vez a mi tierra, me lo cuenta los que vienen a verme, me dicen que me dejaran volver de manera temporal, para encontrarme con mi gente, están haciendo gestiones para mi cesión, por unos meses, no quiero ilusionarme, aquí estoy en mi secuestro, esperando que se solucionen los problemas y que al menos pueda volver a ver a mis paisanos, no es eso lo que yo quiero, pero puede ser el paso previo para mi vuelta definitiva.
Dice que tiene que prepararme una casa adecuada, para mi estancia entre ellos Se han arreglado los problemas, me han preparado una casa que han estado restaurando, para recibir a mis paisanos, ve llevan a visitarlos, me voy de nuevo a mi tierra, nadie puede sentir lo que yo siento, nadie puede querer lo que yo quiero, volver a mi casa.
Palacio de Altamira,lugar preparado y acondicionado para tener a La Dama siempre con nosotros.
Ahora es primavera, después de transcurrido más de 100 años, vuelvo de nuevo a mi casa, otra vez con los míos, aun suena en mis oídos los vítores y aplausos, de la multitud de ilicitanos que han venido a darme la bienvenida, el pueblo lo he encontrado cambiado, mas grande, lo único que no ha cambiado es el deseo de mi gente de tenerme a su lado, todos han venido a verme, y se notaba en sus ojos la emoción y la alegría contenida de tanto y tantos años esperando este reencuentro.
Multitud de ilicitanos, haciendo cola para ver a nuestra Dama
En el momento de mi despedida, hasta el cielo de mi ciudad ilicitana, acostumbrado a no ver llover, se ha puesto triste y ha derramado lágrimas de tristeza, las lágrimas de mi pueblo que no quiere mi marcha.
Yo sigo pensando, si no me movieran, si me dejaran aquí con los míos, aquí se nota que me quieren, donde puedo estar mejor que en mi propia casa, los ilicitanos y las palmeras me aguardan con los brazos abiertos.
Pero no, me tienen en contra de mi voluntad, lejos secuestrada.
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